Tu pelo te representa como eres perfectamente (psicobarbería)

Sí, como lo lees, tu corte de pelo te representa perfectamente para bien o para mal, al menos en este momento de tu vida, pues casi todos vamos cambiando o evolucionando y con nosotros, nuestro corte o peinado, así como lo que queremos transmitir con él o ver reflejado en el espejo cuando nos miramos a nosotros mismos.

La forma de llevar tu pelo refleja cómo te sientes ahora mismo o qué mensaje quieres resaltar ante los demás. Puede o no ser el más acertado debido a las emociones o sentimientos que puede despertar en los otros y las consecuencias que ello te puede suponer en lo social, laboral, sentimental o sexual. Nuestro corte de pelo nos afecta directamente en cómo los demás nos perciben, reciben, tratan o nos dan o no una oportunidad.

Hay personas que se sienten cansadas todo el día y sin ganas de hacer nada. Esto se refleja en su forma de vestir y de llevar su pelo, porque seamos como seamos siempre somos coherentes expresándolo de variadas maneras. Algunos se sienten el centro del mismo universo y su vanidad, egocentrismo y soberbia también se puede apreciar bien en su imagen; esos que solo viven para ver su reflejo en el espejo o lucirse ante los demás son muy fácilmente identificables. Otros simplemente están muy ocupados y no tienen tiempo para nada superfluo, lo cual también se refleja en su imagen y la manera de llevar su pelo.

Muchos hombres y mujeres se limitan a copiar o imitar a algún actor, deportista o cantante de moda, así como el mensaje que este representa, confiando que en ellos tenga el mismo resultado que en esa persona para atraer a los demás o despertar la idea que ellos también son unos triunfadores. Esto a través del paralelismo que los demás podrán establecer por su manera de vestir o llevar el pelo.

En otros casos, se puede apreciar también en su pelo (corte, peinado, barba, bigote) la agresividad, naturalidad, sociabilidad, masculinidad, ambigüedad, histrionismo y un sin fin de matices que codificamos socialmente con nuestra imagen y que corona en nuestro corte de pelo, peinado o barba para dar o no coherencia al conjunto del resto de nuestra imagen.

Suele decirse que aunque la mona se vista de seda, mona se queda, y es que si nos disfrazamos de lo que no somos ni sentimos, las incoherencias van a poder apreciarse por todas partes ante cualquiera que nos preste atención suficiente en un momento dado.

Somos como somos y pocos pueden disimularlo o engañar permanentemente a los demás; podemos cambiar y evolucionar, pero cuesta mucho fingir lo que no se es. Y es que sin abrir la boca ya aportamos ingente cantidad de información a los demás sobre nosotros, nuestras virtudes y defectos. Lo hacemos con la forma de gesticular, de movernos, con nuestra forma de vestir, y lo rematamos para dejarlo aún más claro con nuestro pelo.

Esta fue una habilidad cognitiva primigenia que tuvimos que desarrollar para distinguir mediante patrones que se repiten (heurística) a quien se acercaba a nosotros y valorar de un simple vistazo para saber si era amigo o enemigo, si venía o no con buenas intenciones. Así, nos terminamos convirtiendo en unos auténticos expertos en lenguaje facial y corporal que por una cuestión de pura supervivencia se grabó en nuestro ADN y todos usamos de manera inconsciente.

Si tuviéramos una máxima como especie, podría ser que “imitamos e imitamos”. Somos seres sociales y cuando queremos mostrar un mensaje con nuestro pelo, siempre hemos imitado a los animales que tenemos alrededor y que representan metafóricamente esa idea que queremos transmitir. Siempre ha sido así, desde los indios de Norteamérica y sus deseos de ser y vivir libres como los caballos salvajes con sus melenas lisas y brillantes, pasando por quienes durante el inicio de su adolescencia y hasta la edad adulta imitaban a un puercoespín con el pelo de punta para indicar su estado defensivo, hasta llegar a los que llevan una cresta en representación subconsciente de un cuerno con el cual embestir, así como las barbas y bigotes que homenajean a los grandes felinos y con las cuales algunos hombres buscan mostrar su ferocidad.

Lo cierto es que, nos importe o no, los demás nos juzgan y valoran con base en nuestro aspecto, tanto en una primera impresión si no nos conocen, como en el largo plazo. Lo que transmitimos a los demás con nuestra imagen se graba en su mente. De hecho, dicha imagen nos representa, para bien o para mal, y refleja una parte real de cómo somos o sentimos en un momento dado de nuestra vida.

Nadie puede llevar un corte de pelo, un peinado o una barba que no lo represente cuando se mira en el espejo, o al menos no por mucho tiempo, pues si no vemos un claro reflejo para nuestra mente del mensaje que queremos transmitir o resaltar en cuanto a cómo somos, cómo nos sentimos o cómo queremos ser, nos sentimos mal, perdidos, insatisfechos y frustrados.

Para nuestra mente, el mensaje de nuestra imagen reflejada ha de ser congruente con lo que queremos representar. Y para los demás será exactamente igual de evidente. Esto es algo de lo cual siempre hemos sido conscientes aunque no entendiéramos el cómo o porqué.

La cuestión es que a veces no somos lo suficientemente maduros o conscientes del mensaje que transmitimos con nuestro pelo o de lo adecuado de transmitirlo en uno u otro entorno. A veces sólo imitamos a otro o nos dejamos arrastrar por la vanidad, el resentimiento, el mal humor… y ello puede jugar en nuestra contra, por ejemplo, en una entrevista de trabajo, a la hora de relacionarnos socialmente con otros o al intentar ligar con alguien que nos interesa.

Cada día nos cruzamos con cientos o miles de personas que nos miran y a quienes miramos: con nuestros vecinos de edificio, con otros ciudadanos por la calle, en la cafetería, en el supermercado, en el trabajo, en el instituto, en la barbería…

Por norma, no le prestamos la misma atención ni análisis a todo el mundo con el cual nos cruzamos. Por lo general, hacemos evaluaciones rápidas para descartar peligros inminentes cuando nos encontramos o cruzamos con alguien. Y solo hacemos un análisis más a fondo cuando nos tenemos que relacionar con esa persona, ya sea por cuestiones sociales, laborales o de estudio; en esos casos sí analizamos a la persona mucho más a fondo. Por ese motivo, tras ver y  hablar con alguien por primera vez, vas a tener una serie de impresiones sobre dicha persona que en primera instancia no sabrías explicar el porqué, o dirías “por intuición”. Esto es lo mismo que hablar de esa memoria genética que nos pone sobre aviso de algunos gestos o patrones que reconoce.

Con el tiempo, este reconocimiento de patrones tan ancestral que se grabó en nuestro ADN (movimientos de musculatura facial o corporal) nos sirvió para identificar patrones de articulación o movimiento asociados a un estado de ánimo, sentimientos o emociones, tanto en personas como en animales. Paul Ekman fue uno de los pioneros que puso de manifiesto esto con evidencias científicas desde la perspectiva antropológica.

Si te gusta esto de la psicobarbería y te interesa descubrir qué transmite tu corte, peinado, o barba, te invitamos a seguir la web y las redes de Ismael, The Barber para que sigas descubriendo mucho más sobre esta temática.

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